viernes, 9 de mayo de 2014

Hipsters, hippies y comida en lata

Las redes sociales se han vuelto una tela de araña en la que se va desarrollando una vida en paralelo, sus creadores han hecho posible el deseo de todo niño de poseer un alter ego, un personaje fantástico que llene los estatutos de “super yo” sin morir en el intento, por medio del cual se puede relacionar con las personas que forman su círculo social, desde el compañero de la primaria del que no hubiéramos recordado ni el nombre si Facebook no nos los hubiera “sugerido” hasta la tía que hemos visto dos veces en la vida y que no hace más que publicar reportes climatológicos caseros.
Dentro de este mundo cibernético alterno, ya predicho por varios libros de ciencia ficción, se han originado una serie de tribus urbanas del nuevo siglo que no son otra cosa más que la repetición de generaciones anteriores. Si hacemos un poco de memoria, después de la ola intelectual, el feminismo, el nihilismo, el existencialismo, el surrealismo y en general los intelectuales de café surgieron como una respuesta lógica esos seres adoradores del estetismo sin contenido guiados por el espíritu del amor, es decir de los sentimientos que vinieron a ser los hijos rebeldes de los intelectuales que con su amor por la naturaleza, el sexo libre y las drogas alucinógenas, quisieron tender una alfombra de flores encima de un mundo a punto de estallar. Y aunque la memoria falle y evoquemos a los hippies como una rubia con el cabello hasta la cintura enfundada en una túnica blanca trayendo “amor y paz”, tenemos que recordar que el final de ese cuento de Disney tuvo mucho que ver con el SIDA y otras calamidades.
Ahora tenemos una respuesta social muy similar en esos personajes amantes del moustache y los lentes de pasta, que vuelven a desempolvar las latas vacías de Warhol con su adoración de la forma por encima del fondo, nacidos en el epicentro del consumismo, bebedores incansables de sirenitas y mordedores de manzanas a cambio de una falsa idea de identidad propia, misma que se repite a molde en cada sombrero, vestido y bicicleta “vintage”. Serían por demás inofensivos si no representaran la pesadilla de ver mujeres usando bolsas con portadas de libros que no leerán nunca, androginia generalizada como una especie de indiferencia a la vida, una falta de respuesta total, una nueva alfombra ahora en forma de filtros de instagram ante un inminente y nuevo fin del mundo como lo conocemos.
Me recorre un escalofrío pensar en esa evasión generalizada de la realidad, tantas personas eligiendo tomar la pastilla azul (cualquier parecido con el color de las redes sociales es mera coincidencia). La adoración de la estética aun cuando estamos en un mundo en decadencia, la evasión del pensamiento, las nuevas religiones pintadas de espiritualismo que la gente “moderna” encuentra en los libros de autoayuda, con las mismas promesas de obtener todo sin esfuerzo que ya estaban empolvadas en las biblias de los moteles de paso. La vida fácil, la comida y la filosofía precocidas listas para meter al horno y hacernos pensar que nos estamos nutriendo. En palabras de Nietzsche “los que enturbian sus aguas para hacerlas parecer profundas”, la repetición infinita de la historia que nos sigue conduciendo a los mismos sitios, es decir. A ninguna parte.


Alexandra C.

Sólo los hombres idiotas prefieren a las mujeres cabronas

Nunca he leído el libro parodiado en cuestión, pero tampoco hacen falta más de dos dedos de frente para darse cuenta de que se trata de la clásica lectura hecha para mujeres desesperadas que están atravesando por una separación amorosa, o que simplemente no pueden encontrar pareja.

Por los comentarios aleatorios que he viste en algunas redes sociales y por la capacidad deductiva que otorga el contacto con los libros,  podría atreverme a deducir que el término “cabrona” es utilizado para algo así como “las mujeres independientes que no necesitan a un hombre en sus vidas y son completamente auto suficientes y súper mujeres y libres y felices y dueñas del mundo y etc.” Lo risible del asunto es que de sólo leer el título uno puede enterarse que una mujer de tales cualidades en realidad no estaría muy interesada en saber por qué los hombres aman a tal o cual tipo de mujer.

Las que sí están interesadas en ello son la cantidad de lectoras que tienen ese tipo de publicaciones que tienen el sencillísimo truco de marketing que consiste en venderte lo que quieres escuchar haciéndote creer que estas comprando lo opuesto. Es decir, son recetas de cocina que logran decirte durante la media hora que le dediques lo grandiosa y fuerte que eres cuando en realidad sabes que estás comprando esa “literatura” de baño porqué tienes un problema de autoestima. Se pasan diciéndote en cada página que los hombres son manipulables, bobos e incluso innecesarios, cuando evidentemente tienes ese libro en tus manos porque quieres convertirte en un prototipo de mujer más apetecible para el sexo opuesto.

El problema está en que como todo mal social, la cosa se extiende hasta generalizarse, y uno puede ver en cualquier lugar (o publicación en redes sociales). Mujeres infantiles buscando hombres inmaduros, porqué eso de autonombrarse “cabronas” solo evidencia dos cosas: la primera que nunca han leído a Paz y su explicación de lo de “hijos de la chingada” (dónde también viene un apartado para los “hijos de puta”). Y la segunda es que el inconsciente habla más alto de lo que lo hace nuestra voz. ¿Cuánta inseguridad existe detrás de alguien que necesita utilizar una palabra altisonante para autocalificarse a sí misma? (además de un pobrísimo vocabulario) y ¿qué tipo de persona podría realmente involucrarse sentimentalmente con ella? ¿Qué tipo de relación patológica van a generar? Y lo peor de todo ¿qué tipo de hijos van a dejarle como legado al mundo?

En un mundo en el que las mujeres se autonombran feministas e independientes desde sus fotos de perfil en dónde la única profundidad que muestran es la del escote. En el que juramos habernos convertido en una civilizada sociedad con equidad de género pero aun encontramos juegos de sartenes en oferta por el día de las madres, y en dónde las niñas de secundaria saben más de maquillaje que de matemáticas, es cierto que abundan las mujeres cabronas, o sería mejor decir encabronadas con la vida en una búsqueda desesperada de la identidad por medio de la búsqueda de la pareja. Y también es cierto que sólo un hombre muy idiota podría elegir estar con una persona llena de miedos e inseguridades que inevitablemente terminarán proyectándose sobre él.

Los hombres inteligentes y las mujeres inteligentes se aman entre sí.
El resto no necesita mucha explicación…


;) –Alexandra C.-

¿A-zulado o A-tulado?



Azulado “Ningún otro color conoce esta forma lingüística. “La muerte tiernamente azulada como el no-ser.” (El libro de la risa y el olvido. Milan Kundera).

En desayuno en Tiffany’s Audrey Hepburn intenta disuadirnos de eso e introducir la nueva terminología de “the reds” para nombrar esos días con estado de ánimo melancólico que no pueden encasillarse en los clásicos “blues”. Sin embargo su intento fue rápidamente olvidado ya que estos “azules” dieron un paso más allá para abarcar también un significado musical. La música que surge a partir de éste concepto representa ampliamente el significad de esta asociación del color, y es verdad que con ningún otro tono se ha conseguido alcanzar este polisignificado en los sentidos que le conceden al color azul un lugar entre las metáforas más ampliamente explotadas.

En el español sin embargo no solemos utilizar esa terminología para el azul, en cambio sí podemos decir que la puesta del sol es “anaranjada”, también decimos que hemos enrojecido o que los campos están enverdeciéndose sin trascender por ello más allá del adjetivo descriptivo puro ni aportar mayor significado emocional, ya que nos mantenemos dentro de los límites del sentido de la vista, es una relación lineal que no puede tener un verdadero sentido poético.


¿En qué consiste entonces esta adopción del color como metáfora?, que además se trata de una metáfora bastante paradójica, ya que un cielo azul despejado o un mar del mismo tono limpio deberían representar un estado de ánimo contrario al que nos produce esta asociación. Podríamos pensar que se trata entonces de una asociación con la inmensidad que nos recuerda nuestra angustiante finitud, esto sin embargo, es ir un poco demasiado lejos. Tal vez la idea de la poesía (ya que ¿de qué está hecha la poesía si no es de metáforas?). Es precisamente la de contener dentro de sí el significado del inconsciente propio o colectivo, encapsulado dentro de las palabras. Como quién guarda una rosa dentro de una caja de cristal. Que nos permite su admiración y evocación lejos de tocar sus espinas